Mi sangre es ésta

29 03 2011

Diez tubitos de sangre
así, pequeños, con una etiqueta blanca
donde estaba escrito mi nombre y muchos números

La enfermera, veterana del pinchar
ha investigado mi brazo de venas invisibles
y ha localizado una, sin verla, sólo intuyéndola
y ha ido a por ella, diestra… zas!

En dos minutos, diez tubitos de sangre rojiza
no muy espesa, más bien líquida,
como agua coloreada de sangre

He dado un último vistazo a los diez tubitos
meticulosamente etiquetados sobre la mesa
y me he ido contenta
(mi sangre no sería confundida con la de otro)
pero enseguida este mismo pensamiento
se ha girado en mi contra:
“Es mi sangre y no la de cualquier otro”
¿Qué dirá en mi ausencia?
“Sé discreta”, le ordeno

Y me he imaginado al becario en prácticas
con el ojo pegado a un microscopio, observando
una gotita de mi sangre pegada al cristal
De repente arquea las cejas, abre los ojos y
sonríe, o se asusta, o se acuerda de una novia antigua
o me compadece, o se emociona, o piensa que
le gustaría ir conmigo al fútbol

Mi sangre, la misma que ahora corre dentro de mí
está allí ahora, en un laboratorio oscuro
Mi sangre, la que lleva todo impreso
lo que he bebido, lo que he comido, lo que me falta,
lo que me colma, los estragos de mis errores y aciertos
está allí a fuera, indefensa, líquida,
incapaz de defenderse y de defenderme a mí

Pero no me da miedo
Mi sangre es ésta:
La sangre con la que sonrío,
con la que me asusto,
con la que escribo,
con la que voy al fútbol,
con la que felicito a la enfermera
por su implacable destreza

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